El limbo en medio de la nada

La palabra limbo proviene del latín ¨limbus¨, localizado entre el cielo y la tierra según la religión católica ha sido considerado por la Iglesia como un lugar a donde iban los niños que no habían recibido El Bautismo, los bebés muertos al no ser pecadores no les corresponde ir al infierno, pero cargan con la culpa del pecado original por no haber sido bautizados, para donde Dios tenia un lugar donde pasarían toda la eternidad sin pena ni gloria.

Para San Agustín (357-430) el “limbo para los  niños” tenía que ser eterno porque el pecado original es eterno si no es borrado por el bautizo.

Esos principios, que nunca han sido doctrina de la Iglesia Católica sino una proposición teológica, se impusieron a lo largo de los siglos, pese a que Santo Tomás (1225-1227) admitió de que esos niños “son por naturaleza beatos”.


No fue hasta que Juan Pablo II (Karol Wojtyla) el que abolió el limbo y a las almas de los bebés sin bautizar les dio un nuevo destino ¨a las manos de Dios¨ desterrando la idea de la existencia de este lugar y asegurando un pedazo en el paraíso invocando a la misericordia de Dios.


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